miércoles, 24 de marzo de 2010

EVOLUCIÓN DEL CARTEL TAURINO DESDE EL SIGLO XIX HASTA NUESTROS DIAS (Capítulo I)

El Zubi
El Cartel taurino, ha sido desde siempre, el aviso mediante el cual se anuncia la celebración de una corrida de toros, la categoría y las características de la misma. Cuando se dice aviso se dice propaganda y publicidad. Los carteles taurinos son interesantes desde varias perspectivas: gráfica, artística e histórica. En su dimensión gráfica permite apreciar la evolución del mayor instrumento de propaganda de la fiesta de los toros, la evolución de costumbres (horarios, orden de la lidia, etc.), sus preceptos y el gusto cambiante de la afición (el protagonismo de los picadores o del toreo a pie). En su dimensión artística, permite observar el influjo de las distintas corrientes artísticas (neoclasicismo, romanticismo, modernismo vanguardias...) en este soporte, así como su valor estético intrínseco o bien la obra de artistas gráficos relevantes. Hasta bien entrado el siglo XIX —aunque los carteles impresos nacieron, como se verá, mucho antes—, se mantuvo la costumbre medieval de comunicar tales acontecimientos mediante el pregón, que se pronunciaba en las calles y plazas públicas los días anteriores a su celebración, así como en el mismo recinto donde había de tener lugar, inmediatamente después de ser despejado. En su dimensión histórica porque a través de los carteles sabemos los toreros que mandaron en la Fiesta en cada época.
La Fiesta de los Toros tenía en el siglo XIX un carácter meramente benéfico. Las corridas las organizaban las Juntas de los Hospitales y los beneficios se destinaban a estos. Por esta razón Fernando VI edificó la Plaza de Madrid y la donó a la Junta del Hospital de Madrid. Hoy en día este sistema benéfico sólo se mantiene en Pamplona.
El primer cartel de toros del que se tiene noticia es para anunciar un festejo en Madrid los días 19 y 30 de septiembre de 1737 en la plaza del Soto de Luzón. Estos primeros carteles de imprenta, estéticamente muy rudimentarios, se limitaban a anunciar con variada tipografía de la fecha y lugar de las corridas, los participantes y los dueños de los toros. Poco a poco los carteles fueron reemplazando al tradicional pregón callejero, con el que se anunciaba por las calles desde tiempos antiguos la celebración de la corrida y se informaba a los espectadores de las normas en la misma plaza, una vez despejada. Al igual que el pregón, el cartel de imprenta fue incluyendo no solo a los participantes y las características del festejo, sino que daban cuenta de forma cada vez más prolija, de preceptos y advertencias, como la prohibición de arrojar al ruedo cáscaras de naranja, piedras, palos o animales muertos, por lo que constituyeron también el primer rudimento de reglamento taurino. Durante el siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX dominaba el gusto neoclásico y el estilo imperio, a menudo con orlas y tipografías variadas cada vez más elaboradas.
Se aprecia ya en los carteles la influencia romántica de la época, con su gusto por lo medieval, en la imitación de letras góticas, orlas de ojivas y motivos arquitectónicos góticos. Algunos carteles incluso, destinados a los lugares más llamativos, se coloreaban a mano. Empiezan a aparecer los primeros dibujos con los retratos de las principales figuras del toreo, como Lagartijo, Cara-Ancha y Mazzantini. Otros se imprimían en seda natural de distintos colores.
El cartel más antiguo que se conoce lleva la fecha de los días 19 y 30 de septiembre de 1737 en la plaza del Soto de Luzón, Madrid. Es un pliego de papel blanco, de 42 x 31 centímetros, impreso y orlado. Los primeros carteles anunciaban, generalmente, varias corridas, más o menos consecutivas, a llevar a cabo con el permiso de la autoridad pertinente —en Madrid, solía ser el Rey— y con la advertencia, que permanece vigente incluso hoy, “si el tiempo lo permitiere”. Añadían, en el orden de predilección de los espectadores de entonces, “los dueños de los toros”, los picadores y los toreros que habrían de intervenir.
Aparecen insertados en ellos, además, los primeros conatos de reglamentación del espectáculo, pues solían añadirse notas —en ocasiones de mucha mayor extensión que el anuncio de los participantes— que estipulaban qué había de ocurrir en el ruedo, en qué orden tenían que sucederse los acontecimientos y, lo que resulta más chocante para nuestro tiempo, qué debía hacer el público asistente durante la corrida y qué tenía prohibido hacer. Es únicamente a través de los realizados para las sucesivas plazas de Madrid, como puede seguirse una evolución coherente de los distintos estilos artísticos. Los primeros carteles taurinos estaban armados solamente con elementos tipográficos, teniendo como única decoración una orla o simple filete delimitador. Por lo que respecta a los caracteres empleados, se utilizan básicamente los tipos romanos clásicos. Desde finales del siglo XVIII el encabezamiento o título del cartel aparece en vérsales de tipo romano muy ornamentadas: mayúsculas perladas, floreadas, con decoración de elementos arquitectónicos clásicos como los balaustres, las hojas de acanto, u otros temas vegetales.
(Continuará mañana)

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